カトリック教会のカテキズム


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注

結果 1006-1009

[1006]
“Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre”43. En un sentido, la muerte corporal es natural, pero por la fe sabemos que realmente es “salario del pecado”44. Y para los que mueren en la gracia de Cristo, es una participación en la muerte del Señor para poder participar también en su Resurrección45.
[1007]
La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también para hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida:
«Acuérdate de tu Creador en tus días mozos (…), mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio»46.
[1008]
La muerte es consecuencia del pecado. Intérprete auténtico de las afirmaciones de la Sagrada Escritura47 y de la Tradición, el Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre48. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado49. “La muerte temporal de la cual el hombre se habría liberado si no hubiera pecado”50, es así “el último enemigo” del hombre que debe ser vencido51.
[1009]
La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición humana. Pero, a pesar de su angustia frente a ella52, la asumió en un acto de sometimiento total y libre a la voluntad del Padre. La obediencia de Jesús transformó la maldición de la muerte en bendición53.