カトリック教会のカテキズム


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注

結果 1865-1869

[1865]
El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra el vicio por la repetición de actos. De ahí resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración concreta del bien y del mal. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse, pero no puede destruir el sentido moral hasta su raíz.
[1866]
Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano26 y a san Gregorio Magno27. Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.
[1867]
La tradición catequética recuerda también que existen “pecados que claman al cielo”. Claman al cielo: la sangre de Abel28; el pecado de los sodomitas29; el clamor del pueblo oprimido en Egipto30; el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano31; la injusticia para con el asalariado32.
[1868]
El pecado es un acto personal. Pero nosotros tenemos una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos a ellos: – participando directa y voluntariamente; – ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos; – no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo; – protegiendo a los que hacen el mal.
[1869]
Así el pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros, hace reinar entre ellos la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las “estructuras de pecado” son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un “pecado social”33.