カトリック教会のカテキズム


× クリア
🇯🇵 🇮🇹 🇻🇦 🇪🇸
注

結果 2259-2262

[2259]
La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín4, revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano”5.
[2260]
La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:
«Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre (…) Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre»6.
El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida7. La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos.
[2261]
La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y justo”8. El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.
[2262]
En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: “No matarás”9, y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla10, amar a los enemigos11. El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina12.