カトリック教会のカテキズム


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結果 2616

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La oración a Jesús ya ha sido escuchada por Él durante su ministerio, a través de signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (del leproso57, de Jairo58, de la cananea59, del buen ladrón60), o en silencio (de los portadores del paralítico61, de la hemorroisa62 que toca el borde de su manto, de las lágrimas y el perfume de la pecadora63). La petición apremiante de los ciegos: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!”64 o “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”65 ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”. Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: “Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!”.
San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, oratur a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis (“Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros”)66.