カトリック教会のカテキズム


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注

結果 2839-2841

[2839]
Con una audaz confianza hemos empezado a orar a nuestro Padre. Suplicándole que su Nombre sea santificado, le hemos pedido que seamos cada vez más santificados. Pero, aun revestidos de la vestidura bautismal, no dejamos de pecar, de separarnos de Dios. Ahora, en esta nueva petición, nos volvemos a Él, como el hijo pródigo88 y nos reconocemos pecadores ante Él como el publicano89. Nuestra petición empieza con una “confesión” en la que afirmamos, al mismo tiempo, nuestra miseria y su Misericordia. Nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo, “tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados”90. El signo eficaz e indudable de su perdón lo encontramos en los sacramentos de su Iglesia91.
[2840]
Ahora bien, lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano, a la hermana a quien vemos92. Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia.
[2841]
Esta petición es tan importante que es la única sobre la cual el Señor vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña93. Esta exigencia crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre. Pero “todo es posible para Dios”94.