カトリック教会のカテキズム


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注

結果 295-301

[295]
Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría32. Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: “Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado”33. “¡Cuán numerosas son tus obras, Señor! Todas las has hecho con sabiduría”34. “Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras”35.
[296]
Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear36. La creación tampoco es una emanación necesaria de la substancia divina37. Dios crea libremente “de la nada”38:
«¿Qué tendría de extraordinario si Dios hubiera sacado el mundo de una materia preexistente? Un artífice humano, cuando se le da un material, hace de él todo lo que quiere. Mientras que el poder de Dios se muestra precisamente cuando parte de la nada para hacer todo lo que quiere»39.
[297]
La fe en la creación “de la nada” está atestiguada en la Escritura como una verdad llena de promesa y de esperanza. Así la madre de los siete hijos macabeos los alienta al martirio:
«Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes (…) Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia»40.
[298]
Puesto que Dios puede crear de la nada, puede por el Espíritu Santo dar la vida del alma a los pecadores creando en ellos un corazón puro41, y la vida del cuerpo a los difuntos mediante la Resurrección. Él “da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean”42. Y puesto que, por su Palabra, pudo hacer resplandecer la luz en las tinieblas43, puede también dar la luz de la fe a los que lo ignoran44.
[299]
Porque Dios crea con sabiduría, la creación está ordenada: “Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso”45. Creada en y por el Verbo eterno, “imagen del Dios invisible”46, la creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios47, llamado a una relación personal con Dios. Nuestra inteligencia, participando en la luz del Entendimiento divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación48, ciertamente no sin gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra49. Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad (“Y vio Dios que era bueno (…) muy bueno”50). Porque la creación es querida por Dios como un don dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material51.
[300]
Dios es infinitamente más grande que todas sus obras52: “Su majestad es más alta que los cielos”53, “su grandeza no tiene medida”54. Pero porque es el Creador soberano y libre, causa primera de todo lo que existe, está presente en lo más íntimo de sus criaturas: “En él vivimos, nos movemos y existimos”55. Según las palabras de san Agustín, Dios es superior summo meo et interior intimo meo (“Dios está por encima de lo más alto que hay en mí y está en lo más hondo de mi intimidad”)56.
[301]
Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza:
«Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces pues, si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿cómo podría subsistir cosa que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida»57.