カトリック教会のカテキズム


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注

結果 397-401

[397]
El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador26 y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre27. En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad.
[398]
En este pecado, el hombre se prefirió a sí mismo en lugar de Dios, y por ello despreció a Dios: hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien. El hombre, constituido en un estado de santidad, estaba destinado a ser plenamente “divinizado” por Dios en la gloria. Por la seducción del diablo quiso “ser como Dios”28, pero “sin Dios, antes que Dios y no según Dios”29.
[399]
La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original30. Tienen miedo del Dios31 de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas32.
[400]
La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra33; la unión entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones34; sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el dominio35. La armonía con la creación se rompe; la creación visible se hace para el hombre extraña y hostil36. A causa del hombre, la creación es sometida “a la servidumbre de la corrupción”37. Por fin, la consecuencia explícitamente anunciada para el caso de desobediencia38, se realizará: el hombre “volverá al polvo del que fue formado”39. La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad40.
[401]
Desde este primer pecado, una verdadera invasión de pecado inunda el mundo: el fratricidio cometido por Caín en Abel41; la corrupción universal, a raíz del pecado42; en la historia de Israel, el pecado se manifiesta frecuentemente, sobre todo como una infidelidad al Dios de la Alianza y como transgresión de la Ley de Moisés; e incluso tras la Redención de Cristo, entre los cristianos, el pecado se manifiesta de múltiples maneras43. La Escritura y la Tradición de la Iglesia no cesan de recordar la presencia y la universalidad del pecado en la historia del hombre:
«Lo que la Revelación divina nos enseña coincide con la misma experiencia. Pues el hombre, al examinar su corazón, se descubre también inclinado al mal e inmerso en muchos males que no pueden proceder de su Creador, que es bueno. Negándose con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompió además el orden debido con respecto a su fin último y, al mismo tiempo, toda su ordenación en relación consigo mismo, con todos los otros hombres y con todas las cosas creadas»44.