カトリック教会のカテキズム


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注

結果 430-435

[430]
Jesús quiere decir en hebreo: “Dios salva”. En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión1. Ya que “¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”2, es Él quien, en Jesús, su Hijo eterno hecho hombre “salvará a su pueblo de sus pecados”3. En Jesús, Dios recapitula así toda la historia de la salvación en favor de los hombres.
[431]
En la historia de la salvación, Dios no se ha contentado con librar a Israel de “la casa de servidumbre”4 haciéndole salir de Egipto. Él lo salva además de su pecado. Puesto que el pecado es siempre una ofensa hecha a Dios5, sólo Él es quien puede absolverlo6. Por eso es por lo que Israel, tomando cada vez más conciencia de la universalidad del pecado, ya no podrá buscar la salvación más que en la invocación del nombre de Dios Redentor7.
[432]
El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la Persona de su Hijo8 hecho hombre para la Redención universal y definitiva de los pecados. Él es el Nombre divino, el único que trae la salvación9 y de ahora en adelante puede ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por la Encarnación10 de tal forma que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”11.
[433]
El Nombre de Dios Salvador era invocado una sola vez al año por el sumo sacerdote para la expiación de los pecados de Israel, cuando había asperjado el propiciatorio del Santo de los Santos con la sangre del sacrificio12. El propiciatorio era el lugar de la presencia de Dios13. Cuando san Pablo dice de Jesús que “Dios lo exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre”14 significa que en su humanidad “estaba Dios reconciliando al mundo consigo”15.
[434]
La Resurrección de Jesús glorifica el Nombre de Dios “Salvador”16 porque de ahora en adelante, el Nombre de Jesús es el que manifiesta en plenitud el poder soberano del “Nombre que está sobre todo nombre”17. Los espíritus malignos temen su Nombre18 y en su nombre los discípulos de Jesús hacen milagros19 porque todo lo que piden al Padre en su Nombre, Él se lo concede20.
[435]
El Nombre de Jesús está en el corazón de la plegaria cristiana. Todas las oraciones litúrgicas se acaban con la fórmula Per Dominum nostrum Jesum Christum… (“Por nuestro Señor Jesucristo…”). El “Avemaría” culmina en “y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. La oración del corazón, en uso en Oriente, llamada “oración a Jesús” dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”. Numerosos cristianos mueren, como santa Juana de Arco, teniendo en sus labios una única palabra: “Jesús”.