カトリック教会のカテキズム


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注

結果 470-478

[470]
Puesto que en la unión misteriosa de la Encarnación “la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida”GS, 22,2., la Iglesia ha llegado a confesar con el correr de los siglos, la plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Pero paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella proviene de “uno de la Trinidad”. El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidadcf Jn 14,9-10.:
«El Hijo de Dios (…) trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado»GS, 22,2..
[471]
Apolinar de Laodicea afirmaba que en Cristo el Verbo había sustituido al alma o al espíritu. Contra este error la Iglesia confesó que el Hijo eterno asumió también un alma racional humanacf Dámaso I, Carta a los Obispos Orientales: DS, 149..
[472]
Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar “en sabiduría, en estatura y en gracia”Lc 2,52. e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimentalcf Mc 6,38; 8,27; Jn 11,34; etc.. Eso correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en “la condición de esclavo”Flp 2,7..
[473]
Pero, al mismo tiempo, este conocimiento verdaderamente humano del Hijo de Dios expresaba la vida divina de su personacf san Gregorio Magno, carta Sicut aqua: DS, 475.. “El Hijo de Dios conocía todas las cosas; y esto por sí mismo, que se había revestido de la condición humana; no por su naturaleza, sino en cuanto estaba unida al Verbo (…). La naturaleza humana, en cuanto estaba unida al Verbo, conocida todas las cosas, incluso las divinas, y manifestaba en sí todo lo que conviene a Dios”San Máximo el Confesor, Quaestiones et dubia, 66: PG, 90,840.. Esto sucede ante todo en lo que se refiere al conocimiento íntimo e inmediato que el Hijo de Dios hecho hombre tiene de su Padrecf Mc 14,36; Mt 11,27; Jn 1,18; 8,55; etc.. El Hijo, en su conocimiento humano, mostraba también la penetración divina que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombrescf Mc 2,8; Jn 2,25; 6,61; etc..
[474]
Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelarcf Mc 8,31; 9,31; 10,33-34; 14,18-20. 26-30.. Lo que reconoce ignorar en este campocf Mc 13,32., declara en otro lugar no tener misión de revelarlocf Hch 1,7..
[475]
De manera paralela, la Iglesia confesó en el sexto Concilio Ecuménico que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne, en su obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo que ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvacióncf Concilio de Constantinopla III, año 681: DS, 556-559.. La voluntad humana de Cristo “sigue a su voluntad divina sin hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario, estando subordinada a esta voluntad omnipotente”Ibíd., 556..
[476]
Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitadocf Concilio de Letrán, año 649: DS, 504.. Por eso se puede “pintar” la faz humana de JesúsGa 3,2.. En el séptimo Concilio ecuménico, la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradasConcilio de Nicea II, año 787: DS, 600-603..
[477]
Al mismo tiempo, la Iglesia siempre ha admitido que, en el cuerpo de Jesús, Dios “que era invisible en su naturaleza se hace visible”Misal Romano, Prefacio de Navidad.. En efecto, las particularidades individuales del cuerpo de Cristo expresan la persona divina del Hijo de Dios. Él ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo humano hasta el punto de que, pintados en una imagen sagrada, pueden ser venerados porque el creyente que venera su imagen, “venera a la persona representada en ella”Concilio de Nicea II: DS, 601..
[478]
Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: “El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí”Ga 2,20.. Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvacióncf Jn 19,34., “es considerado como el principal indicador y símbolo (…) de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres”Pio XII, Enc. Haurietis aquas: DS, 3924; cf ID. enc. Mystici Corporis: ibíd., 3812..