カトリック教会のカテキズム


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注

結果 514-521

[514]
Muchas de las cosas respecto a Jesús que interesan a la curiosidad humana no figuran en el Evangelio. Casi nada se dice sobre su vida en Nazaret, e incluso una gran parte de la vida pública no se narracf Jn 20,30.. Lo que se ha escrito en los Evangelios lo ha sido “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”Jn 20,31..
[515]
Los evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fecf Mc 1,1; Jn 21,24. y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividadLc 2,7. hasta el vinagre de su Pasióncf Mt 27,48. y el sudario de su Resurreccióncf Jn 20,7., todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente”Col 2,9.. Su humanidad aparece así como el “sacramento”, es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora.
[516]
Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús puede decir: “Quien me ve a mí, ve al Padre”Jn 14,9., y el Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadle”Lc 9,35.. Nuestro Señor, al haberse hecho hombre para cumplir la voluntad del Padrecf Hb 10,5-7., nos “manifestó el amor que nos tiene”1 Jn 4,9. con los rasgos más sencillos de sus misterios.
[517]
Toda la vida de Cristo es misterio de Redención. La Redención nos viene ante todo por la sangre de la cruzcf Ef 1,7; Col 1,13-14; 1 P 1,18-19., pero este misterio está actuando en toda la vida de Cristo: ya en su Encarnación porque haciéndose pobre nos enriquece con su pobrezacf 2 Co 8,9.; en su vida oculta donde repara nuestra insumisión mediante su sometimientocf Lc 2,51.; en su palabra que purifica a sus oyentescf Jn 15,3.; en sus curaciones y en sus exorcismos, por las cuales “él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades”Mt 8,17; cf Is 53,4.; en su Resurrección, por medio de la cual nos justificacf Rm 4,25..
[518]
Toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación. Todo lo que Jesús hizo, dijo y sufrió, tuvo como finalidad restablecer al hombre caído en su vocación primera:
«Cuando se encarnó y se hizo hombre, recapituló en sí mismo la larga historia de la humanidad procurándonos en su propia historia la salvación de todos, de suerte que lo que perdimos en Adán, es decir, el ser imagen y semejanza de Dios, lo recuperamos en Cristo JesúsSan Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 3,18, 1.. Por lo demás, ésta es la razón por la cual Cristo ha vivido todas las edades de la vida humana, devolviendo así a todos los hombres la comunión con Dios»Ibíd., 3,18,7; cf 2,22, 4..
[519]
Toda la riqueza de Cristo “es para todo hombre y constituye el bien de cada uno”RH, 11.. Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros, desde su Encarnación “por nosotros los hombres y por nuestra salvación” hasta su muerte “por nuestros pecados”1 Co 15,3. y en su Resurrección “para nuestra justificación”Rm 4,25.. Todavía ahora, es “nuestro abogado cerca del Padre”1 Jn 2,1., “estando siempre vivo para interceder en nuestro favor”Hb 7,25.. Con todo lo que vivió y sufrió por nosotros de una vez por todas, permanece presente para siempre “ante el acatamiento de Dios en favor nuestro”Hb 9,24..
[520]
Durante toda su vida, Jesús se muestra como nuestro modelocf Rm 15,5; Flp 2,5.: Él es el “hombre perfecto”GS, 38. que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitarcf Jn 13,15.; con su oración atrae a la oracióncf Lc 11,1.; con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecucionescf Mt 5,11-12..
[521]
Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en Él y que Él lo viva en nosotros. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre”GS, 22,2.. Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con Él; nos hace comulgar, en cuanto miembros de su Cuerpo, en lo que Él vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro:
«Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y misterios de Jesús, y pedirle con frecuencia que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en toda su Iglesia (…) Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia (…) por las gracias que Él quiere comunicarnos y por los efectos que quiere obrar en nosotros gracias a estos misterios. Y por este medio quiere cumplirlos en nosotros»San Juan Eudes, Tractatus de regno Iesu..