カトリック教会のカテキズム


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注

結果 522-534

[522]
La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la “Primera Alianza”34, todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel. Además, despierta en el corazón de los paganos una espera, aún confusa, de esta venida.
[523]
San Juan Bautista es el precursor35 inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino36. “Profeta del Altísimo”37, sobrepasa a todos los profetas38, de los que es el último39, e inaugura el Evangelio40; desde el seno de su madre41 saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser “el amigo del esposo”42 a quien señala como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”43. Precediendo a Jesús “con el espíritu y el poder de Elías”44, da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio45.
[524]
Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida46. Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya”47.
[525]
Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre48; unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo49. La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche:
«Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.
Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban.
Los magos caminan con la estrella:
Porque ha nacido por nosotros,
Niño pequeñito
el Dios eterno»50.
[526]
“Hacerse niño” con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino51; para eso es necesario abajarse52, hacerse pequeño; más todavía: es necesario “nacer de lo alto”53, “nacer de Dios”54 para “hacerse hijos de Dios”55. El misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo “toma forma” en nosotros56. Navidad es el misterio de este “admirable intercambio”:
«¡Oh admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de la Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad»57.
[527]
La Circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento58 es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley59 y de su consagración al culto de Israel en el que participará durante toda su vida. Este signo prefigura “la circuncisión en Cristo” que es el Bautismo60.
[528]
La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná61, la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente62 En estos “magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para “rendir homenaje al rey de los Judíos”63 muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David64 al que será el rey de las naciones65. Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos66 y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento67. La Epifanía manifiesta que “la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas”68 y adquiere la israelitica dignitas (la dignidad israelítica)69.
[529]
La Presentación de Jesús en el Templo70 lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor71. Con Simeón y Ana, toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, “luz de las naciones” y “gloria de Israel”, pero también “signo de contradicción”. La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado “ante todos los pueblos”.
[530]
La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes72 manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: “Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron”73. Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comparten con él74. Su vuelta de Egipto75 recuerda el éxodo76 y presenta a Jesús como el liberador definitivo.
[531]
Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios77, vida en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba “sometido” a sus padres y que “progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”78.
[532]
Con la sumisión a su madre, y a su padre legal, Jesús cumple con perfección el cuarto mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial. La sumisión cotidiana de Jesús a José y a María anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves Santo: “No se haga mi voluntad…”79. La obediencia de Cristo en lo cotidiano de la vida oculta inauguraba ya la obra de restauración de lo que la desobediencia de Adán había destruido80.
[533]
La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:
«Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. (…) Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros. (…) Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable. (…) Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del “hijo del Artesano”: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente. (…) Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino»81.
[534]
El hallazgo de Jesús en el Templo82 es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: “¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?” María y José “no comprendieron” esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María “conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”, a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.