カトリック教会のカテキズム


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注

結果 54-64

[54]
“Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio”7. Los invitó a una comunión íntima con Él revistiéndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes.
[55]
Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, “después de su caída (…) alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras”8.
«Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte (…) Reiteraste, además, tu alianza a los hombres»9.
[56]
Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar a la humanidad a través de una serie de etapas. La alianza con Noé después del diluvio10 expresa el principio de la Economía divina con las “naciones”, es decir con los hombres agrupados “según sus países, cada uno según su lengua, y según sus clanes”11.
[57]
Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones12, está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad13, quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel14. Pero, a causa del pecado15, el politeísmo, así como la idolatría de la nación y de su jefe, son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva.
[58]
La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones16, hasta la proclamación universal del Evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las “naciones”, como “Abel el justo”, el rey-sacerdote Melquisedec17, figura de Cristo18, o los justos “Noé, Daniel y Job”19. De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo “reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos”20.
[59]
Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram llamándolo “fuera de su tierra, de su patria y de su casa”21, para hacer de él “Abraham”, es decir, “el padre de una multitud de naciones”22: “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra”23.
[60]
El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección24, llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de la Iglesia25; ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes26.
[61]
Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.
[62]
Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador prometido27.
[63]
Israel es el pueblo sacerdotal de Dios28, “sobre el que es invocado el nombre del Señor”29. Es el pueblo de aquellos “a quienes Dios habló primero”30, el pueblo de los “hermanos mayores” en la fe de Abraham31.
[64]
Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres32, y que será grabada en los corazones33. Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades34, una salvación que incluirá a todas las naciones35. Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor36 quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María37.