カトリック教会のカテキズム


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注

結果 543-546

[543]
Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel113, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones114. Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús:
«La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega»115.
[544]
El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir, a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para “anunciar la Buena Nueva a los pobres”116. Los declara bienaventurados porque de “ellos es el Reino de los cielos”117; a los “pequeños” es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes118. Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre119, la sed120 y la privación121. Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino122.
[545]
Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores”123. Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos124 y la inmensa “alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”125. La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida “para remisión de los pecados”126.
[546]
Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza127. Por medio de ellas invita al banquete del Reino128, pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo129; las palabras no bastan, hacen falta obras130. Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra131? ¿Qué hace con los talentos recibidos132? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para “conocer los Misterios del Reino de los cielos”133. Para los que están “fuera”134, la enseñanza de las parábolas es algo enigmático135.