カトリック教会のカテキズム


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注

結果 587-591

[587]
Si la Ley y el Templo de Jerusalén pudieron ser ocasión de “contradicción”cf Lc 2,34. entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel, la razón está en que Jesús, para la redención de los pecados —obra divina por excelencia—, acepta ser verdadera piedra de escándalo para aquellas autoridadescf Lc 20,17-18; Sal 118,22..
[588]
Jesús escandalizó a los fariseos comiendo con los publicanos y los pecadorescf Lc 5,30. tan familiarmente como con ellos mismoscf Lc 7,36; 11,37; 14,1.. Contra algunos de los “que se tenían por justos y despreciaban a los demás”Lc 18,9; cf Jn 7,49; 9,34., Jesús afirmó: “No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores”Lc 5,32.. Fue más lejos todavía al proclamar frente a los fariseos que, siendo el pecado una realidad universalcf Jn 8,33-36., los que pretenden no tener necesidad de salvación se ciegan con respecto a sí mismoscf Jn 9,40-41..
[589]
Jesús escandalizó sobre todo porque identificó su conducta misericordiosa hacia los pecadores con la actitud de Dios mismo con respecto a elloscf Mt 9,13; Os 6,6.. Llegó incluso a dejar entender que compartiendo la mesa con los pecadorescf Lc 15,1-2., los admitía al banquete mesiánicocf Lc 15,22-32.. Pero es especialmente al perdonar los pecados, cuando Jesús puso a las autoridades de Israel ante un dilema. Porque como ellas dicen, justamente asombradas, “¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”Mc 2,7.. Al perdonar los pecados, o bien Jesús blasfema porque es un hombre que pretende hacerse igual a Dioscf Jn 5,18; 10,33. o bien dice verdad y su persona hace presente y revela el Nombre de Dioscf Jn 17,6-26..
[590]
Sólo la identidad divina de la persona de Jesús puede justificar una exigencia tan absoluta como ésta: “El que no está conmigo está contra mí”Mt 12,30.; lo mismo cuando dice que él es “más que Jonás (…) más que Salomón”Mt 12,41-42., “más que el Templo”Mt 12,6.; cuando recuerda, refiriéndose a que David llama al Mesías su Señorcf Mt 12,36-37., cuando afirma: “Antes que naciese Abraham, Yo soy”Jn 8,58.; e incluso: “El Padre y yo somos una sola cosa”Jn 10,30..
[591]
Jesús pidió a las autoridades religiosas de Jerusalén que creyeran en él en virtud de las obras de su Padre que él realizabaJn 10,36-38.. Pero tal acto de fe debía pasar por una misteriosa muerte a sí mismo para un nuevo “nacimiento de lo alto”Jn 3,7. atraído por la gracia divinacf Jn 6,44.. Tal exigencia de conversión frente a un cumplimiento tan sorprendente de las promesascf Is 53,1. permite comprender el trágico desprecio del Sanedrín al estimar que Jesús merecía la muerte como blasfemocf Mc 3,6; Mt 26,64-66.. Sus miembros obraban así tanto por “ignorancia”cf Lc 23,34; Hch 3,17-18. como por el “endurecimiento”Mc 3,5; Rm 11,25. de la “incredulidad”Rm 11,20..