カトリック教会のカテキズム


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注

結果 595-596

[595]
Entre las autoridades religiosas de Jerusalén, no solamente el fariseo Nicodemo1 o el notable José de Arimatea eran en secreto discípulos de Jesús2, sino que durante mucho tiempo hubo disensiones a propósito de Él3 hasta el punto de que en la misma víspera de su pasión, san Juan pudo decir de ellos que “un buen número creyó en él”, aunque de una manera muy imperfecta4. Eso no tiene nada de extraño si se considera que al día siguiente de Pentecostés “multitud de sacerdotes iban aceptando la fe”5 y que “algunos de la secta de los fariseos… habían abrazado la fe”6 hasta el punto de que Santiago puede decir a san Pablo que “miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la Ley”7.
[596]
Las autoridades religiosas de Jerusalén no fueron unánimes en la conducta a seguir respecto de Jesús8. Los fariseos amenazaron de excomunión a los que le siguieran9. A los que temían que “todos creerían en él; y vendrían los romanos y destruirían nuestro Lugar Santo y nuestra nación”10, el sumo sacerdote Caifás les propuso profetizando: “Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación”11. El Sanedrín declaró a Jesús “reo de muerte”12 como blasfemo, pero, habiendo perdido el derecho a condenar a muerte a nadie13, entregó a Jesús a los romanos acusándole de revuelta política14 lo que le pondrá en paralelo con Barrabás acusado de “sedición”15. Son también las amenazas políticas las que los sumos sacerdotes ejercen sobre Pilato para que éste condene a muerte a Jesús16.