カトリック教会のカテキズム


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注

結果 702-716

[702]
Desde el comienzo y hasta “la plenitud de los tiempos”65, la Misión conjunta del Verbo y del Espíritu del Padre permanece oculta pero activa. El Espíritu de Dios preparaba entonces el tiempo del Mesías, y ambos, sin estar todavía plenamente revelados, ya han sido prometidos a fin de ser esperados y aceptados cuando se manifiesten. Por eso, cuando la Iglesia lee el Antiguo Testamento66, investiga en él67 lo que el Espíritu, “que habló por los profetas”68, quiere decirnos acerca de Cristo. Por “profetas”, la fe de la Iglesia entiende aquí a todos los que fueron inspirados por el Espíritu Santo en el vivo anuncio y en la redacción de los Libros Santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. La tradición judía distingue la Ley [los cinco primeros libros o Pentateuco], los Profetas [que nosotros llamamos los libros históricos y proféticos] y los Escritos [sobre todo sapienciales, en particular los Salmos]69.
[703]
La Palabra de Dios y su Soplo están en el origen del ser y de la vida de toda creatura70:
«Es justo que el Espíritu Santo reine, santifique y anime la creación porque es Dios consubstancial al Padre y al Hijo (…) A Él se le da el poder sobre la vida, porque siendo Dios guarda la creación en el Padre por el Hijo»71.
[704]
«En cuanto al hombre, Dios lo formó con sus propias manos [es decir, el Hijo y el Espíritu Santo] Y Él dibujó trazó sobre la carne moldeada su propia forma, de modo que incluso lo que fuese visible llevase la forma divina»72.
[705]
Desfigurado por el pecado y por la muerte, el hombre continua siendo “a imagen de Dios”, a imagen del Hijo, pero “privado de la Gloria de Dios”73, privado de la “semejanza”. La Promesa hecha a Abraham inaugura la Economía de la Salvación, al final de la cual el Hijo mismo asumirá “la imagen”74 y la restaurará en “la semejanza” con el Padre volviéndole a dar la Gloria, el Espíritu “que da la Vida”.
[706]
Contra toda esperanza humana, Dios promete a Abraham una descendencia, como fruto de la fe y del poder del Espíritu Santo75. En ella serán bendecidas todas las naciones de la tierra76. Esta descendencia será Cristo77 en quien la efusión del Espíritu Santo formará “la unidad de los hijos de Dios dispersos”78. Comprometiéndose con juramento79, Dios se obliga ya al don de su Hijo Amado80 y al don del “Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda… para redención del Pueblo de su posesión”81.
[707]
Las Teofanías [manifestaciones de Dios] iluminan el camino de la Promesa, desde los Patriarcas a Moisés y desde Josué hasta las visiones que inauguran la misión de los grandes profetas. La tradición cristiana siempre ha reconocido que, en estas Teofanías, el Verbo de Dios se dejaba ver y oír, a la vez revelado y “cubierto” por la nube del Espíritu Santo.
[708]
Esta pedagogía de Dios aparece especialmente en el don de la Ley82, que fue dada como un “pedagogo” para conducir al Pueblo hacia Cristo83. Pero su impotencia para salvar al hombre privado de la “semejanza” divina y el conocimiento creciente que ella da del pecado84 suscitan el deseo del Espíritu Santo. Los gemidos de los Salmos lo atestiguan.
[709]
La Ley, signo de la Promesa y de la Alianza, habría debido regir el corazón y las instituciones del pueblo salido de la fe de Abraham. “Si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza (…), seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”85. Pero, después de David, Israel sucumbe a la tentación de convertirse en un reino como las demás naciones. Pues bien, el Reino objeto de la promesa hecha a David86 será obra del Espíritu Santo; pertenecerá a los pobres según el Espíritu.
[710]
El olvido de la Ley y la infidelidad a la Alianza llevan a la muerte: el Exilio, aparente fracaso de las Promesas, es en realidad fidelidad misteriosa del Dios Salvador y comienzo de una restauración prometida, pero según el Espíritu. Era necesario que el Pueblo de Dios sufriese esta purificación87; el Exilio lleva ya la sombra de la Cruz en el Designio de Dios, y el Resto de pobres que vuelven del Exilio es una de la figuras más transparentes de la Iglesia.
[711]
“He aquí que yo lo renuevo”88: dos líneas proféticas se van a perfilar, una se refiere a la espera del Mesías, la otra al anuncio de un Espíritu nuevo, y las dos convergen en el pequeño Resto, el pueblo de los Pobres89, que aguardan en la esperanza la “consolación de Israel” y “la redención de Jerusalén”90. Ya se ha dicho cómo Jesús cumple las profecías que a Él se refieren. A continuación se describen aquéllas en que aparece sobre todo la relación del Mesías y de su Espíritu.
[712]
Los rasgos del rostro del Mesías esperado comienzan a aparecer en el Libro del Emmanuel91 (cuando “Isaías vio (…) la gloria” de Cristo92, especialmente en Is 11,1-2:
«Saldrá un vástago del tronco de Jesé,
y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el Espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor».
[713]
Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo93. Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra “condición de esclavos”94. Tomando sobre sí nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Espíritu de vida.
[714]
Por eso Cristo inaugura el anuncio de la Buena Nueva haciendo suyo este pasaje de Isaías95:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido.
Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva,
a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor».
[715]
Los textos proféticos que se refieren directamente al envío del Espíritu Santo son oráculos en los que Dios habla al corazón de su Pueblo en el lenguaje de la Promesa, con los acentos del “amor y de la fidelidad”96, cuyo cumplimiento proclamará San Pedro la mañana de Pentecostés97. Según estas promesas, en los “últimos tiempos”, el Espíritu del Señor renovará el corazón de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunirá y reconciliará a los pueblos dispersos y divididos; transformará la primera creación y Dios habitará en ella con los hombres en la paz.
[716]
El Pueblo de los “pobres”98, los humildes y los mansos, totalmente entregados a los designios misteriosos de Dios, los que esperan la justicia, no de los hombres sino del Mesías, todo esto es, finalmente, la gran obra de la Misión escondida del Espíritu Santo durante el tiempo de las Promesas para preparar la venida de Cristo. Esta es la calidad de corazón del Pueblo, purificado e iluminado por el Espíritu, que se expresa en los Salmos. En estos pobres, el Espíritu prepara para el Señor “un pueblo bien dispuesto”99.