カトリック教会のカテキズム


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注

結果 727-730

[727]
Toda la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos se resume en que el Hijo es el Ungido del Padre desde su Encarnación: Jesús es Cristo, el Mesías. Todo el segundo capítulo del Símbolo de la fe hay que leerlo a la luz de esto. Toda la obra de Cristo es misión conjunta del Hijo y del Espíritu Santo. Aquí se mencionará solamente lo que se refiere a la promesa del Espíritu Santo hecha por Jesús y su don realizado por el Señor glorificado.
[728]
Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado por su Muerte y su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco, incluso en su enseñanza a la muchedumbre, cuando revela que su Carne será alimento para la vida del mundocf Jn 6,27. 51.62-63.. Lo sugiere también a Nicodemocf Jn 3,5-8., a la Samaritanacf Jn 4,10. 14. 23-24. y a los que participan en la fiesta de los Tabernáculoscf Jn 7,37-39.. A sus discípulos les habla de él abiertamente a propósito de la oracióncf Lc 11,13. y del testimonio que tendrán que darcf Mt 10,19-20..
[729]
Solamente cuando ha llegado la hora en que va a ser glorificado Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su Muerte y su Resurrección serán el cumplimiento de la Promesa hecha a los Padrescf Jn 14,16-17. 26; 15,26; 16,7-15; 17,26.: El Espíritu de Verdad, el otro Paráclito, será dado por el Padre en virtud de la oración de Jesús; será enviado por el Padre en nombre de Jesús; Jesús lo enviará de junto al Padre porque él ha salido del Padre. El Espíritu Santo vendrá, nosotros lo conoceremos, estará con nosotros para siempre, permanecerá con nosotros; nos lo enseñará todo y nos recordará todo lo que Cristo nos ha dicho y dará testimonio de Él; nos conducirá a la verdad completa y glorificará a Cristo. En cuanto al mundo, lo acusará en materia de pecado, de justicia y de juicio.
[730]
Por fin llega la hora de Jesúscf Jn 13,1; 17,1.: Jesús entrega su espíritu en las manos del Padrecf Lc 23,46; Jn 19,30. en el momento en que por su Muerte es vencedor de la muerte, de modo que, “resucitado de los muertos por la gloria del Padre”Rm 6,4., enseguida da a sus discípulos el Espíritu Santo exhalando sobre ellos su alientocf Jn 20,22.. A partir de esta hora, la misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia: “Como el Padre me envió, también yo os envío”Jn 20,21; cf Mt 28,19; Lc 24,47-48; Hch 1,8..