カトリック教会のカテキズム


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注

結果 753-757

[753]
En la Sagrada Escritura encontramos multitud de imágenes y de figuras relacionadas entre sí, mediante las cuales la Revelación habla del misterio inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo, la del “Pueblo de Dios”. En el Nuevo Testamento6, todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene a ser “la Cabeza” de este Pueblo7, el cual es desde entonces su Cuerpo. En torno a este centro se agrupan imágenes “tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y del matrimonio”8.
[754]
“La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo9. Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció10. Aunque son pastores humanos quien es gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores11, que dio su vida por las ovejas (cf Jn 10,11-15)”12.
[755]
“La Iglesia es labranza o campo de Dios13. En este campo crece el antiguo olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y en el que tuvo y tendrá lugar la reconciliación de los judíos y de los gentiles14. El labrador del cielo la plantó como viña selecta15. La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en él por medio de la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada (Jn 15,1-5)”16.
[756]
“También muchas veces a la Iglesia se la llama construcción de Dios17. El Señor mismo se comparó a la piedra que desecharon los constructores, pero que se convirtió en la piedra angular18. Los Apóstoles construyen la Iglesia sobre ese fundamento19, que le da solidez y cohesión. Esta construcción recibe diversos nombres: casa de Dios20 en la que habita su familia, habitación de Dios en el Espíritu21, tienda de Dios con los hombres22, y sobre todo, templo santo. Representado en los templos de piedra, los Padres cantan sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su construcción en este mundo23. San Juan ve en el mundo renovado bajar del cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa embellecidas para su esposo (Ap 21,1-2)”24.
[757]
«La Iglesia que es llamada también “la Jerusalén de arriba” y “madre nuestra”25, y se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado26. Cristo “la amó y se entregó por ella para santificarla”27; se unió a ella en alianza indisoluble, “la alimenta y la cuida”28 sin cesar»29.